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“En el tiempo en que nosotros decidimos salir de allá (Arauca) la violencia estaba agudizada, no era tanto una violencia personal sino generalizada porque habían bombas, por los lados donde nosotros vivíamos explotaban unas cosas que le dicen ramplas, que ponen unas bombonas y bueno el niño de nosotros estaba pequeñito y nosotros vivíamos atemorizados, el niño lo poníamos debajo de la cama cuando sonaban todos esos tiros y esas cosas, este bueno yo lloraba…

Más que todo por la tranquilidad por eso decidimos venirnos…

Nosotros vivíamos cerca del comando de policía entonces la violencia la generaban los guerrilleros, las Farc, pero los otros también, por ejemplo mi esposos estaba trabajando de maestro rural y por allá la violencia la generaban los paramilitares. Entonces en Arauca estaban todos los grupos habidos y por haber y nosotros vivíamos con una sosobra, con una cosa que uno no puede caminar tranquilo, es mejor buscar una paz y una tranquilidad para la familia, para conservarla.

Mataban con mucho horror con mucha violencia a las personas, porque esas personas aparecían con mucho maltrato físico, entonces a uno lo aterrorizan esas cosas. Por ejemplo hay un primo de mi esposo que él trabajaba en Trabajadores por la Vía, que arreglan vías y eso, y a él lo agarraron y lo torturaron y después apareció todo torturado y en ropa interior y lo habían matado y tirado a un río y ahí lo encontraron. Después de eso nadie de la familia de él fue a reclamar el cadáver, por miedo a represalias, nadie lo reclamó allá quedo en el cementerio. Cuando lo bajaron, la gente del autobús contó, que tenían una lista y ahí estaba el nombre de él, lo bajaron, después de eso lo torturaban y aparecían así. Entonces… eso era porque la familia de él vivía en el campo. Cuando uno vive en el campo debe ser simpatizante de algún grupo para estar viviendo ahí porque sino debe salirse.

Los paramilitares antes no estaban ahí en Arauca, ellos llegaron en una época en que ellos eran reconocidos porque eran más sangrientos, entonces ellos mataban con motosierras y torturaban mucho más feo, las personas que aparecían así más horribles eran torturados por ellos….

Entonces… para eso a mí no me gusta que mi hijo crezca en ese ambiente, que se entere de todas esas cosas. Cuando nosotros vinimos el niño estaba bien pequeñito, tenía tres añitos, y el no alcanzó a conocer esas cosas, porque yo he visto otros niños que cuando le dicen que dibujen algo así, ellos dibujan terrorismo y todo eso. Para mí eso era lo que yo buscaba saliendo de ahí, que mi hijo no creciera en ese ambiente.

Llegamos en el 2006. Yo afortunadamente tengo una hermana acá, al llegar ellos nos ofrecieron hospedaje en la casa de ellos, pero como eso es muy difícil uno estar ahí al pie de la familia, nosotros buscamos un lugar para poder vivir acá y entonces vivíamos en alquileres.

Nosotros hicimos lo de nuestros papeles en el 2007 a través del Servicio (SJR)… Uff, sin papeles eso era tremendo porque en esa época en la calle pedían muchos papeles, muchos documentos, nosotros no teníamos nada, la cédula colombiana, por ejemplo cuando nosotros llegamos acá mi esposo tuvo que trabajar albañilería, porque mi cuñado trabaja albañilería, entonces él se lo llevaba a trabajar, por ejemplo iban en una moto y donde había un retén él se tenía que bajar, antes, e irse caminando por allá como a dos cuadras para poderse volver a subir, todo el año se la pasaba en lo mismo. Yo no salía mucho pero el sí, el siempre hacía lo mismo, ir a la calle y esconderse porque si lo agarraban lo mandaban para Colombia. Así estuvimos siempre hasta que fuimos al Servicio Jesuita.

Tenemos dos años con el documento provisional y acá en el pueblo cuando un retén a uno no le dicen nada, pero a veces necesita uno viajar, mi esposo fue a trabajar como hace un año y medio a Maracay porque tenía un trabajo de albañilería, entonces hicimos lo correspondiente pedir el permiso para el viaje, pero por allá en una alcabala lo bajaron y le dijeron que “no” que necesitaban su pasado judicial, pasaporte. Y con este documento (el provisional) nosotros no necesitamos pasaporte, pero ellos le dijeron que no “que el pasaporte, que el pasaporte” y le hicieron quitar todita la ropa y lo revisaron por todas partes y lo iban hasta dejar ahí, lo iban a bajar, y estaba lloviendo y lo hicieron bajar y todo, y era madrugada, tenía frío y estuvo mojado, solamente porque no tenía el papel ese. Pero bueno así ellos querían plata pero como él no cargaba lo dejaron a lo último después de mojarse y todo.

Antes extrañaba Colombia porque es muy difícil desprenderse de las cosas que uno tiene y de su país, pero uno se acostumbra a todo, ya yo me acostumbré a la gente de acá de Venezuela. Hay mucha gente buena que le tiende la mano a uno; y hemos encontrado muchos conocidos por muchas partes, gente que es muy buena, entonces… ya yo no extraño mucho a mi país. Porque igual allá nosotros vivíamos en el llano en Colombia y aquí vivimos en el llano.

En este barrio no hemos tenido problemas con nadie porque somos solicitantes de refugio.

Mi esposo tiene doce años trabajando con la madera, el siempre había trabajado con talla. Yo no. Yo no sabía nada, como siempre estaba en la casa, entonces empecé ayudarlo y he aprendido… Ahora las cosas yo las hago sola. Nos ha ido bien aquí con las artesanías, eso es lo que hacemos para ganar un dinero extra, ya que el único ingreso que teníamos era lo que el ganaba con la albañilería. Participamos en ferias. Nosotros tenemos todas la cositas que se necesitan en el hogar para vivir dignamente”.

*El nombre y la imagen fueron cambiados por razones de seguridad

Fuente: Servcio Jesuita a Refugiados-Venezuela

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